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Más que un esqueleto, la estructura como lenguaje arquitectónico

Foto del escritor: JASUEL C CORDERO-TORRES
JASUEL C CORDERO-TORRES
19 sept
2 min de lectura

Una estructura bien integrada puede dejar de ser un elemento que simplemente sostiene un edificio y convertirse en parte de su expresión arquitectónica. Mostrar cómo trabaja la estructura le da carácter e identidad visual al edificio. También las decisiones técnicas sobre el material y la geometría determinan la apariencia final de la obra. Ambas ideas, ilustradas en el trabajo del ingeniero Peter Rice que homenajea el documental An Engineer Imagines, nos enseña que la ingeniería no se añade a la arquitectura al final, sino que forma parte de su lenguaje desde el origen.


El Centro Pompidou (1977), de Rogers, Piano y Franchini, muestra su estructura de acero y sus instalaciones en el exterior (Designing Buildings, s. f.).
El Centro Pompidou (1977), de Rogers, Piano y Franchini, muestra su estructura de acero y sus instalaciones en el exterior (Designing Buildings, s. f.).

En primer lugar, mostrar cómo trabaja la estructura le da al edificio un carácter propio y reconocible. El Centro Pompidou lo demuestra al llevar la estructura y las instalaciones a la fachada, de modo que el edificio parece explicarse a sí mismo. Piezas como las gerberettes, elementos de acero fundido que transmiten las cargas entre vigas y columnas, cumplen una función y a la vez funcionan como esculturas. Lloyd's of London refuerza la idea al dejar a la vista el acero y el concreto y sacar los conductos, de manera que su imagen industrial nace de la decisión técnica de liberar el interior. En estos dos casos la forma no es un adorno, porque lo que se ve es lo que trabaja, y esa coherencia es lo que convierte la estructura en expresión.


En segundo lugar, las decisiones técnicas sobre el material y la geometría determinan la apariencia final del edificio. Las cáscaras de la Ópera de Sídney, hoy es un símbolo de la ciudad, existe tal como hoy las conocemos porque su compleja geometría se resolvió mediante un orden racional que se podía construir. El acero fundido permite piezas gruesas y orgánicas que un elemento ya hecho no daría, mientras que el vidrio sostenido con cables, como en el Louvre, busca lo contrario: casi desaparecer para dejar pasar la luz. Los paneles de cemento del Menil Collection filtran la luz natural y a la vez sostienen la cubierta, así que el material define tanto la atmósfera interior como la imagen exterior. Por eso, escoger un material o una geometría no es un paso neutral de cálculo, sino una decisión de diseño que cambia lo que sentimos al entrar.


Estas dos ideas muestran que la estructura, cuando expone su idea y se expresa a través de su material y sus formas, deja de ser un simple soporte y pasa a formar parte de la arquitectura. Es cierto que dejar la estructura a la vista puede hacer que el diseño se enfoque demasiado en lo visual, y que mantener el acero expuesto también presenta retos, como protegerlo del fuego y darle el mantenimiento necesario. Sin embargo, estos riesgos demuestran que la expresión estructural funciona mejor cuando está bien integrada al diseño, de manera que lo que se muestra también cumple una función real dentro del edificio. La obra de Rice, que el documental celebra, prueba que ingeniería y arquitectura no compiten, la primera resuelve el problema y la segunda convierte esa solución en identidad. Por eso, los edificios donde la estructura habla son los que permanecen en la memoria mucho después de haberlos visitado.

 
 
 

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