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Entre la funcionalidad y la expresividad

Foto del escritor: JASUEL C CORDERO-TORRES
JASUEL C CORDERO-TORRES
5 sept
3 min de lectura

La arquitectura se ocupa de construir espacios que permiten realizar actividades, pero estos espacios también producen significados y experiencias. Por esto, pensar la arquitectura implica reconocer una conexión constante entre su funcionalidad y su expresividad. El gesto arquitectónico permite relacionar ambos aspectos porque introduce una intención que transforma un espacio que es solo para función a uno que también puede comunicar y provocar una experiencia. Esta relación puede entenderse a partir de dos ideas, primero, todo espacio funcional necesita ser interpretado para convertirse en una experiencia arquitectónica y segundo, el gesto arquitectónico permite que esa interpretación se exprese sin abandonar la función del espacio. De esta manera, el gesto no le quita la relación constante entre funcionalidad y expresividad, sino que intenta hacerlas convivir.


Iglesia de la autopista de Siegerland, Alemania. Fotografía de Jörg Hempel, 2013. Fuente: Architectural Digest México. Architectural Digest México


La funcionalidad es una parte muy importante de la arquitectura porque los espacios son construidos para ser habitados y utilizados. Sin embargo, habitar un espacio no consiste solamente en ocupar físicamente un lugar. El movimiento, el recorrido, la relación entre las personas y la manera en que se entienden los límites y los materiales producen una experiencia que va más allá de la utilidad. Esto puede observarse en la manera en que las personas experimentan un espacio a través de sus recorridos, movimientos y de la relación entre los diferentes elementos que lo crean. Por esto, un espacio utilitario nunca es completamente neutral, la manera en que está organizado influye cómo se recorre, cómo se percibe y cómo se interpreta. La funcionalidad representa un aspecto importante de la arquitectura, pero al mismo tiempo se relaciona con la dimensión expresiva del espacio.


El gesto arquitectónico esta en esa relación entre utilizar e interpretar el espacio. Un gesto puede tomar una condición funcional y transformarla con una decisión que le añade significado, carácter o una experiencia particular. Este proceso sale de la experiencia y la observación, que permiten identificar relaciones y convertirlas en ideas que pueden llevar a una diseño arquitectónico. Así, el gesto no tiene que entenderse simplemente como una forma llamativa o decorativa, sino como una manera de ver y organizar el espacio. Incluso los elementos decorativos puede ser parte de este proceso, porque añade elementos y expresiones dentro de una construcción que ya tiene una función. Por esto, el gesto arquitectónico puede entenderse como aquello que juega con la contraste entre la utilidad y la expresión que intenta crear una arquitectura donde ambas partes puedan coexistir.


Finalmente, pensar la arquitectura desde el gesto arquitectónico significa entender que su valor no está solamente en crear espacios funcionales, sino también en la capacidad de expresar ideas y generar experiencias. La arquitectura existe entre el equilibrio de ambas partes, y esa tensión permanece sin resolver porque cada espacio debe encontrar su propia manera de unirlos. El gesto arquitectónico es importante porque permite habitar esa relación que parte de una condición funcional, pero la interpreta, la transforma y le da una dimensión simbólica o estética. Por esto, el gesto arquitectónico forma una acción esencial del ser humano al habitar, ya que todo espacio que habitamos está abierto a la interpretación. Las prácticas arquitectónicas más específicas pueden entenderse, como distintas maneras de desarrollar ese gesto original mediante el cual la función y la expresión intentan convertirse en una misma experiencia espacial.

 
 
 

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